martes, 20 de diciembre de 2011

Trabajar Sin Cobrar, ¿Dónde Vamos a Parar?



Interesante artículo de Sheyla Delgado aparecido en el “Granma” del martes 13 de diciembre, titulado -Romper la cadena de impagos: una “cuenta” por saldar-. No hay que buscarle las cuatro patas al gato; toda la ineficiencia de un sistema económico que no admite remiendos, sumada a la manifiesta incapacidad y corruptibilidad de los dirigentes, trae estos resultados, o mejor dicho, esta falta de resultados. El socialismo no funcionó en el siglo XX y mucho menos lo va a lograr en el XXI.

A partir de la llamada segunda ofensiva revolucionaria en el año 1968, se armó oficialmente el gran despelote de los sistemas económico y jurídico del país. Cero relaciones contractuales entre personas naturales o jurídicas, nada de declaración de ingresos, se acabó la política fiscal, llegó la gozadera.

De esta forma, quedó establecido que algunos dirigentes, amigos de dirigentes y familiares de dirigentes, podían meter las manos en el saco del erario público sin tener que rendir cuentas a nadie; ya que todo era de todos. ¿Qué necesidad había de que una empresa socialista le reclamara a otra por la no entrega de un producto, o el impago de un servicio? eso eran rezagos capitalistas de los cuales por fin nos habíamos librado, gracias a la economía planificada y a las ideas descabelladas del máximo líder.

¿Qué decir entonces de los pocos y mal vistos campesinos privados, a los cuales se les sometió a una guerra no declarada durante decenas de años? Si tenían abundantes ingresos no era por productivos y eficientes, sino por alguna oscura artimaña del enemigo imperialista para demostrar que las cooperativas y empresas estatales eran absolutamente inoperantes. Si los campesinos se enriquecían en medio de tanta pobreza, bien podía el justiciero Estado Socialista dejar de pagarles de vez en cuando, y aquí no ha pasado nada.

A partir de la segunda mitad de los 70, la dirección del país, obligada por las circunstancias (léase URSS), se dio a la tarea de institucionalizar el desastre, se restableció la contratación, se instituyeron órganos de arbitraje al estilo soviético y parecía que al fin reinaría el orden, pero de nada sirvió, al final se impuso el estilo de dirección voluntarista y anarquizante.

Después de tantos años, y para que todo el mundo vea quién manda aquí, los vicios económicos, financieros y jurídicos de aquella época romántica de la Revolución verde-roja, siguen ahí, como el marabú. En el incumplimiento de los contratos con los campesinos influyen: el burocratismo socialista, el irrespeto de la dictadura a sus propias leyes y la mala fe de los que siguen sin aceptar la empresa privada, más por inercia, egoísmo y envidia, que por ideología.

hildebrando.chaviano@yahoo.com

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