martes, 12 de junio de 2012

El Muro de las Lamentaciones.



El periódico “Granma”, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, se ha convertido en el muro de las lamentaciones del proyecto económico social de los viejitos gobernantes.

Al igual que el pedazo de muro usado por los judíos en Jerusalén, El “Granma” cada vez más ha dejado a un lado el lenguaje triunfalista y se consume en el lloro de lo dejado por hacer, lo mal hecho y lo que podría haber sido. Sus periodistas, editores y promotores, buscan con desespero culpables para tantas desgracias en un país tan chiquito.

¿La zafra de este año? Otro fracaso que no por esperado deja de serlo. ¿La producción lechera? Olvídense del vasito de leche que prometió Castro II; los campesinos se roban a sí mismos la leche de sus propias vacas para venderla a restaurantes y cafeterías que por ser cuentapropistas son enemigos del socialismo y causantes de que a los niños les quiten la leche a los siete años. ¿Los pozos de petróleo en mar abierto? Bien, gracias, la Repsol se fue, la Scarabeo 9 se muda para Pinar del Río porque del primer agujero no sacaron ni fango.

Pero lo mejor nos lo ofrece el órgano oficial del partido cada viernes, ahí se destapan a quejarse los compungidos y trasnochados adoradores del socialismo real, que es el mismo del siglo XXI; que si los revendedores, que si los malos administradores amparados en su militancia, que si la falta de transparencia, que si le hacen el juego al imperialismo, que si el anquilosamiento y la falta de ideas, que la corrupción imperante hace más daño que el bloqueo, americano, se entiende, porque del interno no se habla.

Ya el sábado nos encontramos con el postre, una saga sobre la Crisis de Octubre que si ha servido para algo es para poner en evidencia el papel de satélite soviético jugado por el otrora Comandante en Jefe, su falta de visión e inmadurez política, que arrastraron al mundo al borde de la desaparición, todo porque Nikita, en su ambición imperial, midió mal a los americanos y Castro I, El Grande, Emperador de Birán, se midió mal a sí mismo cuando en pose heroica le pidió a la metrópoli que encendiera los fuegos artificiales. Gracias a Dios todo no fue más allá del susto y el papelazo a los gritos de Nikita, mariquita, lo que se da no se quita.

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