jueves, 13 de septiembre de 2012

El Secuestro de Raudel(Cuento)



Estaba asustado, no veía nada en derredor y esa gente lo había dejado en medio del monte. Salió bien, en algún momento pensó lo peor, cuando vio que el moderno automóvil de fabricación china cogía carretera en vez de dirigirse a la 7ma. Unidad de la P.N.R. Al menos fue lo último que oyó decir a un oficial cuando lo montaban en el carro, esa unidad la conocía bien, en ocasiones la jefatura  de La Lisa no aceptaba que la Seguridad del Estado dejara detenidos allí sin dar explicaciones, las palabras mágicas eran, “interés de la C.I.”.
                                                                       -------------------
Decidió no moverse de ahí hasta que amaneciera y se acurrucó al lado de un árbol. De vez en cuando se escuchaba a cierta distancia una letanía de ladridos nerviosos, siempre empezaba el mismo perro y los demás lo seguían como en un coro. Se quedó dormido.
-------------------          
Había sido un día difícil, fueron a buscarlo al amanecer y lo soltaron como a las siete de la noche, a las nueve  volvieron a buscarlo, la familia protestó, preguntó para donde lo llevaban, no les dijeron que era  para darle el paseo más largo de su vida. No sabía por dónde iban, pero lo que veía cuando se atrevía a levantar un poco la cabeza era campo. Él mismo se sorprendió cuando se oyó preguntar. -¿Ustedes me van a matar? La respuesta fue tajante y ambigua, –Nosotros no tenemos que matarte.

No se habló más durante todo el viaje, cuando al fin le dijeron que se bajara en aquella oscuridad, por poco se desmaya, ni luna había, pero cuando los vio alejarse se sintió más aliviado, a fin de cuentas no lo mataron.

Ya amanecía y poco a poco distinguió los matorrales que lo rodeaban y el sendero donde lo habían dejado, vio una cerca y oyó voces, gritó, y unos campesinos fueron a su encuentro. -Este no es de por aquí, pensaron.
-¿Qué tú haces por acá muchacho?
- Anoche me trajeron en un carro del G-2 y me dejaron aquí. Como estaba tan oscuro no sabía para donde coger y me quedé dormido ahí mismo.
-Lo mejor que hiciste, los guardias de la vaquería le tiran a todo lo que se mueva de noche.
-¿Cómo voy para  La Habana? Las piernas le temblaban mientras se dirigía a la carretera y en la cabeza le daba vueltas el letrero que iba a pintar en la pared de la bodega en cuanto llegara al reparto. Sus letreros son conocidos en la zona, posiblemente sea el único en Cuba que los firma con su nombre.
                                                                   -----------------
Cualquier cosa sirve para pintar un cartel, una tiza, un pedazo de carbón, un poco de chapapote, cal, y hasta con mierda se pinta si hay algo que decir. En este barrio siempre hay algo que decir; cuando no es un apagón, es un derrame de aguas albañales, o dos semanas sin recoger la basura, o el único carro que tiene la ruta de ómnibus que entra al reparto no pasó, alguien dice que el chofer no fue a trabajar hoy, pero otros dicen que estas guaguas están muy viejas, que cuando llegaron aquí ya estaban descontinuadas en Corea.
                                                                       -----------------
-Le ronca como hay que caminar, deja ver si ese camión me para, porque a muchos choferes no les gusta recoger pasaje en la carretera. Algunos cobran el viaje a peso o a cinco pesos, hacen el día y de paso  le resuelven al que está embarca’o. Estoy de suerte, va a parar.
-Buenos días.
-Buenos días, ¿hasta dónde vas?
-Hasta La Habana.
-Sube, yo llego hasta 100 y Boyeros.
-Coñó, que suerte, voy a llegar más temprano de lo que pensaba.
                                                                  ------------------
-¿Dónde te metiste?
-Tú dirás, dónde me metieron, eso no está en el mapa.
-Aquí dijeron que estabas en La Lisa.
- Que Lisa ni que ocho cuartos, ¿tú no sientes la peste que traigo?
                                                                  ------------------
En este barrio viven unas pocas familias con muchos miembros, a medida que los muchachos crecen y se casan, construyen como pueden habitaciones en los patios o en las azoteas, con el pasar de los años parecen condominios destartalados fabricados con los materiales que aparezcan. Pueden verse paredes de ladrillos y bloques sin repello, otras con mejor suerte ya repelladas, pero sin pintura, y por encima de todo eso, los palomares le disputan el espacio a las tendederas.
El olor a chícharo tostado, cochiqueras y fosa desbordada, hacen que este barrio se parezca a cualquier otro de la periferia de la capital con sus calles sin pavimentar y los niños correteando descalzos, pescando renacuajos,  hembras y varones desnudos de la cintura para arriba y sucios hasta no vérseles las caras.
Aquí nació y se crió Raudel, sus padres le pusieron este nombre por aquello de la idolatría revolucionaria, hoy no hay un día que no repitan como un mantra el nombre de cualquiera de los dos hermanos acompañado de alguna imprecación.
En este ambiente surrealista corrió descalzo, fue pionero, y el mismo día que se le cayó el primer diente dejó de recibir la cuota de leche normada. Esta experiencia de pérdida simultánea lo marcó como un inconforme crónico, quizás no sabría nada de justicia o derechos, pero algo dentro de él le decía cuando mostrar su inconformidad. Nunca se resignó con haber perdido aquel diente, por más que le explicaron que después le saldría otro mejor, más fuerte y duradero (en esta familia no se conoce lo de la almohada y el ratoncito obsequioso). El tiempo le dio la razón, los nuevos dientes salieron algo torcidos y a los veintitantos ya le faltan algunos.
Raudel aprendió rápido en la escuela, la aritmética no era su fuerte, pero a la hora de leer y escribir se lucía, ya desde segundo grado hacía composiciones, si le caía en las manos un creyón de labios había que fregar las paredes por donde pasara. Así conoció de la emoción que brinda el grafiti, no importaba lo que escribiera, siempre provocaba disgustos, desde ese tiempo decidió firmar sus carteles murales como cualquier artista, aunque su fama no pasara de 100 y Aldabó.
                                                                            -----------------
El muro de la escuela amaneció pintado, la pared de la bodega también, al parecer a mitad de la tarea se acabó el mercurocromo y terminó con violeta de genciana. Raudel juega a la pelota con algunos niños de la cuadra, saluda a un vecino, y un carro patrullero pasa lentamente evitando los baches.
                                                                       -----------------
Allá en Pinar los serenos de la vaquería se mantienen atentos, nadie sabe cuándo pueden aparecer  los matarifes.



                                                               





                                                            


No hay comentarios: