martes, 4 de diciembre de 2012

El Asesor Jurídico.




A estas alturas, hablar de potenciar el papel de los asesores jurídicos en las instituciones y organismo estatales es otra de las tantas utopías o sueños incumplibles del sistema socialista del siglo XXI.
Cuba no es un  estado de derecho, y esa es la condición indispensable para que un especialista en materia legal, pueda ejercer su actividad cabalmente. En Cuba, un asesor jurídico puede ser visto como auditor, secretario de actas en los consejos de dirección, inspector, representante itinerario para asuntos de poca monta, y así, una interminable cantidad de tareas que nada tienen que ver con el asesoramiento jurídico.
Entre los trabajos que puede realizar un asesor jurídico, los hay tan poco honrosos como buscar la forma de deshacerse de un trabajador contestatario, Testigo de Jehová,  o demasiado capaz para el gusto de los jefes. También se le puede pedir la realización de algún tipo de trampa al mejor estilo de la mafia, para amañar un contrato, coyundear a un cliente o incumplir una obligación.
Para los dirigentes cubanos su entidad es su feudo, y se sienten inclinados a utilizar todas sus potestades para cometer cualquier arbitrariedad en nombre de la revolución y el socialismo, es decir, en el suyo propio.
Hace unos años, funcionaron los órganos de arbitraje estatal, la idea era buena y durante cierto tiempo algo se logró en cuanto al cumplimiento de las obligaciones contractuales, los abogados de empresas y organismos vieron realizados sus sueños de un ordenamiento jurídico apropiado. Por una vez se sintieron verdaderos profesionales del derecho.
Pero como ocurre  en esta Cuba nuestra revolucionaria y socialista, a alguien  no le gustó, o no le convino la idea de tantos abogados metidos en asuntos en ocasiones bastante escabrosos por los intereses ocultos detrás de productos no entregados o dinero no pago. El resultado final fue la desactivación total, sin explicaciones ni aviso previo, de los Órganos de Arbitraje.
El sistema de dirección impuesto, se reproduce a todos los niveles de la administración del país, y el voluntarismo no se lleva con el orden jurídico por mucho que se intente, y la presencia de asesores jurídicos que realicen su trabajo a cabalidad, va contra la naturaleza arbitraria y personalista de un régimen totalitario.
El Decreto No. 138, “Normas para el trabajo de asesoramiento jurídico en las entidades estatales”, es letra muerta porque a los jefes en Cuba, a semejanza del jefe de jefes, no les gusta que alguien les aconseje que hacer o no; se ofenden, gritan obscenidades, muerden el tabaco y patean muebles, en resumen, son energúmenos motivados.

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