martes, 12 de febrero de 2013

El Fantasma de la Tarjeta Blanca.




Gisela Delgado es una ciudadana cubana que supuestamente no tiene ninguna limitación legal en su derecho a obtener su pasaporte y viajar si así lo desea, pero las autoridades cubanas se regocijan cada vez que pueden castigar a una persona solo porque no se doblega.
Utilizar el pasaporte y la autorización de salida del país como zanahoria vergonzante contra los opositores pacíficos, no les impide a los sátrapas mostrar el garrote cada vez que se les presenta la ocasión.
Las autoridades de Migración y Extranjería, el Departamento de Seguridad del Estado y el Gobierno Cubano en suma, muestran cuan débiles pueden ser las dictaduras en su arrogancia. Enseñarle de esa forma los “bíceps” a Gisela, los pone en el mismo plano que el granuja común y corriente que golpea mujeres para ocultar su falta de virilidad y después hace alarde del crimen.
En estos tiempos en que los países sufren grandes catástrofes naturales, guerras, revueltas y manifestaciones sociales que derriban gobiernos y cambian las fronteras, en la Gran Birán los gobernantes crean una tragedia nacional de la entrega de un pasaporte, convierten a un grupo de mujeres pacíficas en peligrosos terroristas y en promocionadas elecciones, dicen que democráticas, a una pantomima de comicios parlamentarios con un solo candidato por asiento.
Insisten en ser noticia en un mundo en constante cambio, y no son más que apariencias de momias sin dignidad. Algún día tendrán que rendir cuentas, porque ninguna dictadura es eterna y después de todo, o le tienen miedo a Gisela y sus bibliotecas o es la venganza por haber ésta decidido una vez regresar a vivir en su país. Deberían seguir el ejemplo del Papa, cualquier momento es bueno.


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