lunes, 18 de mayo de 2015

Ver para Creer.


Publicado en DDC
El diario “Granma”, en su edición del miércoles 15 de abril, trae un tímido mensaje de apertura escondido en un artículo dedicado al sistema electoral cubano. La mención de que -“En el proceso de elecciones a delegados a las Asambleas Municipales el voto se caracteriza  por ser: libre, igual, secreto, directo, nominal y preferencial  (Prieto Valdés y Pérez  Hernandez, Cuba)” puede que no llamara la atención de muchos lectores que prefieren ir directo a la página deportiva o a la cartelera de la televisión cubana, acostumbrados a que el susodicho órgano de prensa no diga casi nunca algo digno de ser leído.
Sin embargo, esta vez los mencionados autores hacen un aporte a la mismísima Constitución de la República cuando explican por qué el voto es igual, y es que “todo ciudadano tiene derecho a un solo voto y con igual valor, sin tener en cuenta raza, creencias religiosas, color de la piel, posición política.”
El texto, aunque incompleto en mi opinión, está avalado e inspirado  a todas luces en el Artículo 42 de la Constitución cubana, que expresa: “La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana, esta proscrita y es sancionada por  la ley.”
La sustitución no obstante, de “cualquier otra lesiva a la dignidad humana”, por la más específica “posición política”, llama la atención por ser primera vez que en el órgano oficial del partido comunista aparece una mención admitiendo que en Cuba existan diferentes posiciones políticas y sobre todo, que tienen igual valor.
El reconocimiento expreso por los juristas mencionados de que el pensamiento político cubano no es uno solo, sino que es rico en su diversidad como en cualquier otro país  del globo, es el primer  gesto público que podría conducir al levantamiento del férreo bloqueo a las ideas impuesto desde el año 1959. Algunos quizás piensen que el gobierno está manipulando un tema tan sensible para congraciarse con algunos amigos antiguos y nuevos, pero a esta altura especular con palabras  bonitas no parece inteligente.
Por otra parte, y arriesgando que me acusen de soñador, iluso y hasta colaboracionista, esto bien podría ser el antecedente de los futuros cambios anunciados en una Constitución obsoleta cuyas raíces datan de 1917 y que dejó de ser justificable hace mucho sobre todo en América Latina, entorno natural en el que Cuba busca insertarse pero donde la izquierda no es roja del todo sino más bien rosada, respetando de manera general la economía de mercado y las instituciones democráticas.
En realidad la excepción al pragmatismo político de la izquierda latinoamericana lo constituye la Venezuela chavista que tomada de la mano de Castro I dio un salto al abismo en el cual no parece querer acompañarla Castro II, que cada vez se aleja más de su antecesor desbaratando como puede  el andamiaje absolutista heredado.
Triana Cordovi en Economía, Prieto Valdés y Pérez Hernández en Derecho, son por el momento aisladas voces autorizadas cuyo discurso académico no tiene nada que ver con el socialismo real defendido a gritos y golpes en Panamá hace unos días.
Toda la sociedad cubana está en el deber de forzar los cambios necesarios. De la misma forma que según esos ilustres profesores es igual de válido el voto de los que tienen diferente posición política, así lo es la candidatura de cualquiera que no profese la fe comunista.
La discriminación motivada por razones de ideas políticas es tan lesiva a la dignidad humana como la discriminación racial y un cambio al respecto en el discurso oficial atemperado a los tiempos que corren, iría en el camino de sustituir los absurdos odios ideológicos por la tolerancia y el dialogo civilizado entre todos los cubanos, por el bien de Cuba.


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