El gobierno cubano acaba de aprobar 178 actividades laborales que los cubanos ya realizaban, con autorización o sin ella, para escapar un poco de la falta de todo. El país es un gran relajo bajo la dirección siempre ineficiente de nuestros líderes históricos que más bien parecen títeres histéricos.
La aprobación de marras no viene sola, sino acompañada de una política de impuestos que está entre el asalto a mano armada y el hurto al carterismo. La mano del gobierno se introduce en el bolsillo de los trabajadores e insiste en que es por su bien, ahora sí van a tener socialismo, dicen, pero tienen que pagarlo.
Ni a los esclavos de la Cuba colonial se les imponían las condiciones que en pleno siglo XXI les son ofertadas a los empleados estatales que por obra y gracia de un eufemismo revolucionario no se llamarán desempleados, sino disponibles (¿?). Si esta es la redención a que aspiraban los proletarios, que venga Lenin y la vea.
El capitalismo a lo cubano, pachangoso, irresponsable, montado en una carroza tirada por bueyes y “La Internacional” cantada a ritmo de conga por la comparsa “Los Castro”. Gocen viejitos, que les queda poco.
martes, 26 de octubre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
SIN COMENTARIOS
CUESTIONARIO SOBRE EL CUMPLIMIENTO DEL PROGRAMA DEL MONCADA PLANTEADO POR FIDEL CASTRO EN LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ.
¿Al cabo de 52 años, están resueltos en Cuba los siguientes problemas a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente los esfuerzos de la Revolución?
Problemas a solucionar:
El problema de la tierra.
El problema de la industrialización.
El problema de la vivienda.
El problema del desempleo.
El problema de la educación.
El problema de la salud del pueblo.
La conquista de las libertades públicas.
La democracia política.
hildebrando.chaviano@yahoo.com
http://hchaviano5.blogspot.com
http://www.twitter.com/@hildebrandoch
¿Al cabo de 52 años, están resueltos en Cuba los siguientes problemas a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente los esfuerzos de la Revolución?
Problemas a solucionar:
El problema de la tierra.
El problema de la industrialización.
El problema de la vivienda.
El problema del desempleo.
El problema de la educación.
El problema de la salud del pueblo.
La conquista de las libertades públicas.
La democracia política.
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martes, 5 de octubre de 2010
TODO ES VANIDAD, ADEMÁS DE.
Como por curiosidad comencé a leer algunos párrafos del capítulo 20 del libro “La Victoria Estratégica” de Fidel Castro, publicado en el órgano oficial del PCC. Confieso ser un lector insaciable de casi cualquier cosa que me caiga en las manos, pero con el “Granma” ocurre que hay que leerlo todo entre líneas, y esto en ocasiones se convierte en un ejercicio aburrido.
Al llegar a la página 9 de esta edición del 29 de septiembre, me encontré de frente con un personaje que no por conocido deja de asombrarme. Dice este párrafo ubicado en la columna central: “Se le hicieron durante la persecución unos 30 muertos, pero es una verdadera lástima que por una serie de errores de la gente derivados del exceso de confianza no aniquiláramos al batallón completo.”
Así, de un tirón, tomando aire en la coma que sigue a los 30 muertos, y descargando toda su frustración porque no fueran todos, la emprende a su vez contra los responsables de que aquella batalla se ganara, sin convertirse en una carnicería. Dicen que para muestra con un botón basta, pero aquí tenemos dos, una es el espíritu aniquilador y de irrespeto por la vida humana que lo mueve, y el otro, la búsqueda siempre de algún culpable cuando las cosas no salen según su parecer.
Más adelante, en la tercera columna, en un fragmento a la misma altura del anterior, vuelve a lamentarse: “Sin embargo, no voy a negar que entonces me quedó un gusto amargo por no haber logrado la destrucción completa del Batallón 11. Errores cometidos por varios de nuestros capitanes contribuyeron a que no se lograra un resultado aún más contundente, que estábamos en condiciones de haber alcanzado.”
Unos años más tarde, dos de estos capitanes, Pinares y Suñol, junto a otros tantos, fueron enviados a las selvas bolivianas a expiar sus errores. Cometieron un último error y terminaron aniquilados. No importa si eran de un bando o de otro, el resultado es el mismo, seres humanos ofrendados a la sinrazón del aniquilamiento.
hildebrando.chaviano@yahoo.com
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Al llegar a la página 9 de esta edición del 29 de septiembre, me encontré de frente con un personaje que no por conocido deja de asombrarme. Dice este párrafo ubicado en la columna central: “Se le hicieron durante la persecución unos 30 muertos, pero es una verdadera lástima que por una serie de errores de la gente derivados del exceso de confianza no aniquiláramos al batallón completo.”
Así, de un tirón, tomando aire en la coma que sigue a los 30 muertos, y descargando toda su frustración porque no fueran todos, la emprende a su vez contra los responsables de que aquella batalla se ganara, sin convertirse en una carnicería. Dicen que para muestra con un botón basta, pero aquí tenemos dos, una es el espíritu aniquilador y de irrespeto por la vida humana que lo mueve, y el otro, la búsqueda siempre de algún culpable cuando las cosas no salen según su parecer.
Más adelante, en la tercera columna, en un fragmento a la misma altura del anterior, vuelve a lamentarse: “Sin embargo, no voy a negar que entonces me quedó un gusto amargo por no haber logrado la destrucción completa del Batallón 11. Errores cometidos por varios de nuestros capitanes contribuyeron a que no se lograra un resultado aún más contundente, que estábamos en condiciones de haber alcanzado.”
Unos años más tarde, dos de estos capitanes, Pinares y Suñol, junto a otros tantos, fueron enviados a las selvas bolivianas a expiar sus errores. Cometieron un último error y terminaron aniquilados. No importa si eran de un bando o de otro, el resultado es el mismo, seres humanos ofrendados a la sinrazón del aniquilamiento.
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SIN FINAL FELIZ
Creo que fue el Generalísimo Máximo Gómez, buen conocedor de este pueblo, quien en una ocasión dijo que “el cubano, o no llega, o se pasa”. De ser un país de pleno empleo sin asomo de actividad económica privada, Cuba se convierte de la noche a la mañana en el paraíso del buscavidas, del merolico, del trapicheo, y de cualquier otra fuente de “trabajo” que el gobierno revolucionario prohibió, persiguió y vilipendió por ser considerados indignos, peligrosos para la imagen del régimen y contrarios a la moral socialista.
Desde que se les acabó el subsidio soviético, los dirigentes de la revolución se halan los pelos sin saber que hacer con un país que nunca han sabido gobernar. La llamada economía socialista es un fracaso, a nadie le caben dudas, los que secuestraron la revolución se ven ahora obligados a reinventar el capitalismo pero a su manera; la tasa de desempleo se monta en más de un veinte por ciento, pero no hay derecho a protestar los despidos, los precios de todos los productos suben como el humo, aumentan los impuestos y desaparecen rápidamente los beneficios sociales ahora considerados gratuidades inmerecidas.
La “solución” que se inventan nuestros ineptos líderes, es hacer recaer sobre el pueblo el peso de las calamidades creadas por ellos mismos durante más de medio siglo de borrachera populista. Que Dios se apiade de Cuba, porque habrá más miseria que la ya existente, más delito y más violencia, revolucionaria y de la otra.
Si la nueva versión de la justicia socialista es autorizar la recogida de materias primas o los trabajos de servidumbre, para cobrarles impuestos a los infelices obligados a realizarlos, es que ya no pueden ocultar su verdadero rostro, son una manada de lobos pastoreando ovejas y ya no tienen a quien más despojar.
hildebrando.chaviano@yahoo.com
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Desde que se les acabó el subsidio soviético, los dirigentes de la revolución se halan los pelos sin saber que hacer con un país que nunca han sabido gobernar. La llamada economía socialista es un fracaso, a nadie le caben dudas, los que secuestraron la revolución se ven ahora obligados a reinventar el capitalismo pero a su manera; la tasa de desempleo se monta en más de un veinte por ciento, pero no hay derecho a protestar los despidos, los precios de todos los productos suben como el humo, aumentan los impuestos y desaparecen rápidamente los beneficios sociales ahora considerados gratuidades inmerecidas.
La “solución” que se inventan nuestros ineptos líderes, es hacer recaer sobre el pueblo el peso de las calamidades creadas por ellos mismos durante más de medio siglo de borrachera populista. Que Dios se apiade de Cuba, porque habrá más miseria que la ya existente, más delito y más violencia, revolucionaria y de la otra.
Si la nueva versión de la justicia socialista es autorizar la recogida de materias primas o los trabajos de servidumbre, para cobrarles impuestos a los infelices obligados a realizarlos, es que ya no pueden ocultar su verdadero rostro, son una manada de lobos pastoreando ovejas y ya no tienen a quien más despojar.
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martes, 21 de septiembre de 2010
¿SOCIALISMO?
Al parecer le llegó el fin al hipócrita modelo socialista cubano con su pleno empleo y su libreta de racionamiento de la canasta básica que no es canasta ni es básica. Los anuncios de las nuevas medidas “neoliberales” (privatización, desempleo, alza de precios) por parte del gobierno cubano, preocupan a unos, esperanzan a otros, y mantienen escépticos al resto.
Se acabaron las populistas plantillas infladas creadas por obra y gracia de la triunfante revolución verde olivo. Desaparecen como por arte de magia, uno a uno, los llamados productos subsidiados, sólo para reaparecer encarecidos en cualquier tienda en moneda convertible o en moneda nacional a un precio equivalente. Dejan de existir las gratuidades que nunca fueron, mientras la alta jerarquía mantiene sus privilegios.
La utopía socialista nunca dejó de serlo, más de medio siglo de sacrificios, represión y atraso en todos los órdenes le costó al país el fatídico experimento. Miles de exiliados, fusilados, encarcelados y ahogados en el Estrecho de La Florida, amén de la economía profundamente dañada por la irresponsabilidad e ineptitud de los dirigentes, más preocupados por disfrutar del poder que por servir a la nación, son algunas de las secuelas que nos deja el castrismo.
Los críticos del socialismo siempre vieron que el modelo no funcionaba, los chinos se dieron cuenta de ello a golpe de hambrunas y revoluciones culturales. Atrás quedó la época de las cacerías de gorriones glotones-contra revolucionarios, el empecinamiento en el engaño los puso en peligro de desaparecer, pero hoy, tienen una poderosa economía basada en la propiedad privada.
Guste o no a los dirigentes cubanos, el único camino que queda es el de la economía de mercado, no es hora de seguir con experimentos para satisfacer egocentrismos y poses heroicas a cambio del sufrimiento de un pueblo. Este es el resultado de gobernar sin oposición, sin escuchar a los que en todas las épocas trataron de hacer ver que el país iba derecho a un precipicio.
Cuba no es una bodega ni un cuartel, y no se puede culpar a los americanos ni a los rusos ni a los marcianos si existieran, de que a alguien se le haya ocurrido gobernarla a su antojo por medio siglo, con equivocaciones, rectificaciones y más equivocaciones. Culpar a otros de los errores propios y sus consecuencias puede ser, según se mire, infantil o cobarde. Que vengan los cambios, y rápido.
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Se acabaron las populistas plantillas infladas creadas por obra y gracia de la triunfante revolución verde olivo. Desaparecen como por arte de magia, uno a uno, los llamados productos subsidiados, sólo para reaparecer encarecidos en cualquier tienda en moneda convertible o en moneda nacional a un precio equivalente. Dejan de existir las gratuidades que nunca fueron, mientras la alta jerarquía mantiene sus privilegios.
La utopía socialista nunca dejó de serlo, más de medio siglo de sacrificios, represión y atraso en todos los órdenes le costó al país el fatídico experimento. Miles de exiliados, fusilados, encarcelados y ahogados en el Estrecho de La Florida, amén de la economía profundamente dañada por la irresponsabilidad e ineptitud de los dirigentes, más preocupados por disfrutar del poder que por servir a la nación, son algunas de las secuelas que nos deja el castrismo.
Los críticos del socialismo siempre vieron que el modelo no funcionaba, los chinos se dieron cuenta de ello a golpe de hambrunas y revoluciones culturales. Atrás quedó la época de las cacerías de gorriones glotones-contra revolucionarios, el empecinamiento en el engaño los puso en peligro de desaparecer, pero hoy, tienen una poderosa economía basada en la propiedad privada.
Guste o no a los dirigentes cubanos, el único camino que queda es el de la economía de mercado, no es hora de seguir con experimentos para satisfacer egocentrismos y poses heroicas a cambio del sufrimiento de un pueblo. Este es el resultado de gobernar sin oposición, sin escuchar a los que en todas las épocas trataron de hacer ver que el país iba derecho a un precipicio.
Cuba no es una bodega ni un cuartel, y no se puede culpar a los americanos ni a los rusos ni a los marcianos si existieran, de que a alguien se le haya ocurrido gobernarla a su antojo por medio siglo, con equivocaciones, rectificaciones y más equivocaciones. Culpar a otros de los errores propios y sus consecuencias puede ser, según se mire, infantil o cobarde. Que vengan los cambios, y rápido.
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martes, 7 de septiembre de 2010
APOCALIPSIS HECHO EN CUBA
¿Será hablar de la guerra una nueva forma de hacerla? El pueblo se pregunta qué guerra nuclear puede ser esta dónde los que tienen el armamento nuclear no tienen interés en usarlo, y los que quisieran hacerlo no lo tienen. Atrás quedaron los tiempos en que un tiranuelo caribeño con ínfulas, amenazaba con lanzar unos cohetes atómicos que ni siquiera eran suyos, cobijado bajo la tutela del imperio soviético.
También quedaron atrás los tiempos heroicos de crear muchos Viet Nam y llenar Asia, África y América Latina de guerrillas, secuestradores, asaltantes de bancos, terroristas y narcotraficantes con su secuela de muertes inútiles. Esto es una versión mediática de la tendencia guerrerista que siempre conocimos y de la que la mayor parte de los cubanos vivimos orgullosos durante muchos años, cuando nos hacían creer, y creíamos, que nuestro país era una potencia mundial encargada por la providencia para derrocar y enterrar definitivamente al imperialismo norteamericano bajo la sabia dirección de nuestro máximo líder.
La desatención más absoluta a las reales necesidades del país fue el resultado de aquella nefasta política. Hoy recogemos los frutos de la utopía irresponsable; el alza de los precios de todos los productos de primera necesidad, el desabastecimiento de los mercados, la casi extinción de nuestra primera industria, la improductividad de la agricultura, la mayor parte de las tierras cultivables infestadas de marabú, estado deplorable de los hospitales, pérdida de muchas de las garantías de carácter social que para muchos justificaba la falta de libertades ciudadanas, un fondo habitacional en estado ruinoso y por último, para coronar el desastre, más de un millón de trabajadores quedarán desempleados y tendrán que buscársela como puedan.
Según dicen, estos han sido los efectos del neoliberalismo en América Latina, pero los cubanos no hemos conocido el neoliberalismo ni en sueños, porque nunca nos han querido explicar la otra parte del susodicho sistema económico. A cambio de eso, nos han entretenido con la amenaza de una invasión que nunca llegó porque nunca iba a suceder, y con la construcción de una sociedad más justa que no se ve por ninguna parte por más que trato de no ver las mansiones donde viven los dirigentes de la “revolución”, ni enterarme de las cuotas especiales de víveres y artículos de consumo que reciben como prebendas, ni de sus vacaciones en los cayos, en Varadero, Cancún, o París. Y venir a hablarme a mí de guerras nucleares.
hildebrando.chaviano@yahoo.com
http://hchaviano5.blogspot.com
http://www.twitter.com/@hildebrandoch
También quedaron atrás los tiempos heroicos de crear muchos Viet Nam y llenar Asia, África y América Latina de guerrillas, secuestradores, asaltantes de bancos, terroristas y narcotraficantes con su secuela de muertes inútiles. Esto es una versión mediática de la tendencia guerrerista que siempre conocimos y de la que la mayor parte de los cubanos vivimos orgullosos durante muchos años, cuando nos hacían creer, y creíamos, que nuestro país era una potencia mundial encargada por la providencia para derrocar y enterrar definitivamente al imperialismo norteamericano bajo la sabia dirección de nuestro máximo líder.
La desatención más absoluta a las reales necesidades del país fue el resultado de aquella nefasta política. Hoy recogemos los frutos de la utopía irresponsable; el alza de los precios de todos los productos de primera necesidad, el desabastecimiento de los mercados, la casi extinción de nuestra primera industria, la improductividad de la agricultura, la mayor parte de las tierras cultivables infestadas de marabú, estado deplorable de los hospitales, pérdida de muchas de las garantías de carácter social que para muchos justificaba la falta de libertades ciudadanas, un fondo habitacional en estado ruinoso y por último, para coronar el desastre, más de un millón de trabajadores quedarán desempleados y tendrán que buscársela como puedan.
Según dicen, estos han sido los efectos del neoliberalismo en América Latina, pero los cubanos no hemos conocido el neoliberalismo ni en sueños, porque nunca nos han querido explicar la otra parte del susodicho sistema económico. A cambio de eso, nos han entretenido con la amenaza de una invasión que nunca llegó porque nunca iba a suceder, y con la construcción de una sociedad más justa que no se ve por ninguna parte por más que trato de no ver las mansiones donde viven los dirigentes de la “revolución”, ni enterarme de las cuotas especiales de víveres y artículos de consumo que reciben como prebendas, ni de sus vacaciones en los cayos, en Varadero, Cancún, o París. Y venir a hablarme a mí de guerras nucleares.
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A MANERA DE REFLEXIÓN
Hay quienes durante toda su vida no hacen otra cosa que causar problemas. Son capaces de promover o involucrarse en cuanto proyecto descabellado les venga a mano, con la única intención de aparecer en los primeros planos. No importa si el resultado es una bronca callejera, una guerra nuclear, o un papelazo descomunal.
Aún cuando de jóvenes pueden parecer inteligentes y osados, ya de mayores se aprecia que su inteligencia es repetición incansable de cosas aprendidas aquí y allá, a veces sin relación coherente entre ellas, y la osadía es una fanfarronería rampante que nadie respeta. Lo que no pierden nunca es la vocación enfermiza por los primeros planos; si van a una boda tienen que ser necesariamente el novio o la novia, si es un velorio, envidian al muerto con toda la fuerza de su egocentrismo.
Esta actitud es preocupación constante para los que rodean a este tipo de personaje, pues deben estar pendientes de cada capricho, idea genial o malas ideas que su mente febril de a luz, aborte o vomite, en sucesión interminable de errores y rectificaciones. Para los que no le son cercanos, todo se les convierte en desgracias, involucrados a gusto o por fuerza en el remolino que lo absorbe todo y lo destruye todo a su paso.
Ya ancianos, se resisten a dejar de ser y se aferran balbuceantes a los restos de lo que un día fue, dicen que un proyecto, una utopía o un disparate, como quiera que sea, son parte de la historia. Sólo quedan los sueños convertidos en pesadillas y los héroes en villanos. De cualquier forma, de las mayores calamidades los pueblos siempre se reponen, sean huracanes, terremotos o tiranos.
hildebrando.chaviano@yahoo.com
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Aún cuando de jóvenes pueden parecer inteligentes y osados, ya de mayores se aprecia que su inteligencia es repetición incansable de cosas aprendidas aquí y allá, a veces sin relación coherente entre ellas, y la osadía es una fanfarronería rampante que nadie respeta. Lo que no pierden nunca es la vocación enfermiza por los primeros planos; si van a una boda tienen que ser necesariamente el novio o la novia, si es un velorio, envidian al muerto con toda la fuerza de su egocentrismo.
Esta actitud es preocupación constante para los que rodean a este tipo de personaje, pues deben estar pendientes de cada capricho, idea genial o malas ideas que su mente febril de a luz, aborte o vomite, en sucesión interminable de errores y rectificaciones. Para los que no le son cercanos, todo se les convierte en desgracias, involucrados a gusto o por fuerza en el remolino que lo absorbe todo y lo destruye todo a su paso.
Ya ancianos, se resisten a dejar de ser y se aferran balbuceantes a los restos de lo que un día fue, dicen que un proyecto, una utopía o un disparate, como quiera que sea, son parte de la historia. Sólo quedan los sueños convertidos en pesadillas y los héroes en villanos. De cualquier forma, de las mayores calamidades los pueblos siempre se reponen, sean huracanes, terremotos o tiranos.
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