martes, 9 de julio de 2013

Enhorabuena



El domingo 30 de junio se rompió la maldición sobre la pelota de las Grandes Ligas Norteamericanas en la televisión nacional. Algo ocurrió, unas llamadas telefónicas de un aficionado por aquí, algún que otro artículo referente al asunto en la prensa digital independiente, y como por arte de magia se cayó el muro.
Al ser excomulgado el deporte profesional de la isla, por decisión unilateral de quien lo decidía todo en Cuba, la pelota de Grandes Ligas pasó a ser un enemigo más de la Revolución, nadie se lo pudo explicar nunca y nadie se atrevió a pedir razones de semejante disparate; quizás todo tuvo su origen cuando el otrora joven estudiante fue rechazado por los caza talentos del deporte rentado debido a su ineptitud, o a su odio visceral a Norteamérica. Lo cierto es que debido a la brillante y revolucionaria medida de levantar una muralla alrededor del deporte, la calidad de la pelota cubana se alejó cada vez más de la realidad circundante.
Amparado en el espejismo creado al competir los peloteros profesionales y mal pagados del patio con los imberbes peloteros-estudiantes del norte, o con los trabajadores-aficionados a la pelota de otras partes del mundo, se creó el mito de la invencibilidad de los equipos cubanos de béisbol. De pronto, todo se derrumbó, Cuba dejó de coleccionar campeonatos cuando los profesionales de otras partes del mundo incursionaron en las competiciones que de fiestas patrias pasaron a ser fechas de duelo nacional.
La señal que llega es clara, el gobierno cubano necesita ideas, su manantial de pensamiento está seco hace decenios y es la ciudadanía la que puede aportar ideas frescas a un sistema momificado basado en las elucubraciones, fantasías y caprichos de una sola persona llena de odios y resentimientos.
Lo que hace apenas un mes era considerado un sueño imposible por los conocedores del tema, hoy es realidad como si siempre hubiera estado ahí, justo en Tele Rebelde, el canal de los deportes. Los mismos locutores aparecen tan tranquilos narrando un partido entre los Bravos de Atlanta y los Nacionales de Washington. ¿Dónde estaba entonces el peligro? ¿Qué cambió en los comentaristas deportivos? ¿Dejaron estos de ser cubanos? ¿Dejarán los industrialistas a su equipo, por seguir a los Tigres de Detroit? Esto demuestra que las censuras y prohibiciones absurdas padecidas por los cubanos a lo largo de más de medio siglo, han sido, en el mejor de los casos, aberrantes comeduras de mierda.
Ahora falta el otro paso, televisar partidos donde aparezcan la docena o más de cubanos que ponen el nombre de Cuba bien alto en las ligas mayores, los que harán olvidar la vergüenza de perder o ganar con apuros ante equipos sin historia, y mirar adelante, a un futuro con peloteros bien alimentados, bien entrenados, y mejor pagados.

Los Rosenberg, Manning, Snowden, Aspillaga y Borges.



El espionaje se ha puesto de moda. Ocupación tan antigua como  la prostitución, es, como esta, celebrado por unos y criticado por otros, según el lado que ocupen en la ecuación. Héroes, villanos, patriotas o traidores, de todo un poco, de James Bond a Mata Hari, a veces no se sabe con certeza dónde empieza o termina la ficción.
En 1953, casi finalizada la Guerra de Corea, los esposos Ethel y Julius Rosenberg fueron detenidos, enjuiciados y ejecutados por espiar a favor de la Unión Soviética. Acusados de facilitar información vital a la potencia extranjera para fabricar la bomba atómica y con ello, quitar la hegemonía nuclear a los Estados Unidos de Norteamérica, la patria de la pareja.
Las fuerzas de la izquierda a nivel mundial lanzaron una campaña en defensa de la inocencia de los esposos que todavía hoy, a 60 años de los hechos, insisten en sostener a pesar de que en 1990, al publicarse las memorias de Nikita Kruschev, pudo verse como este alaba al matrimonio por su “muy significativa ayuda en acelerar la producción de nuestra bomba atómica”. En 1995, después de terminada la Guerra Fría, investigaciones realizadas demostraron que en efecto, Julius Rosenberg hizo labor de espionaje a favor de la Unión Soviética.
Los Rosenberg, o más bien Julius, como todo espía, sabía lo que arriesgaba y aun así lo hizo. Su esposa fue una víctima de los odios que se generan por razones políticas e ideológicas y que consumen con sus llamas a países enteros.
Manning y Snowden, por su parte, no son los espías clásicos, son reveladores de secretos que han puesto en peligro la seguridad de su país en un quimérico afán  de hacer justicia o en un personal deseo de venganza a la vez que de satisfacción del ego, sin medir el daño que podrían causar con su acción. Está bien lo de ir en contra de los poderes establecidos por defender supuestos principios, pero el que lo hace debe también estar dispuesto a asumir las consecuencias.
En Cuba se han dado casos de espías que en algún momento hicieron crisis de fe, uno de ellos, Aspillaga, fue objeto de un atentado  organizado y ejecutado por la Seguridad del Estado cubana en un país europeo, como represalia por haber hecho pública una lista de agentes de la Inteligencia destacados en diferentes países. El otro, Ernesto Borges, ni siquiera llegó a pasar información, solo lo intentó, y por eso, cumple en estos momentos  30 años de cárcel.
Durante todos los años  que lleva Borges en prisión, sus amigos, familiares y defensores de los derechos civiles, han abogado por el trato justo al reo, la atención médica y hospitalaria, y el cumplimiento del Reglamento de Cárceles y Prisiones; de acuerdo con las leyes cubanas, cometió un delito y a nadie se le ha ocurrido pedir la libertad o reclamar la inocencia del ex oficial de la Contra Inteligencia.
Para los antinorteamericanos,  toda acción que vaya en detrimento de los Estados Unidos, está justificada;  locos, delincuentes, fanáticos y terroristas, se convierten en héroes para comunistas frustrados, envidiosos y otras malas hierbas que pueblan el planeta. Para estos personajes, lo de las Torres Gemelas fue una autoagresión planeada por el Gobierno norteamericano o un castigo divino, y los que ayudaron con su información al derribo bestial de las dos aeronaves de Hermanos al Rescate, son inocentes ciudadanos que querían evitar  el bombardeo del Malecón habanero con peligrosas hojitas de papel.










martes, 2 de julio de 2013

De Necesitados a Cadáveres.





En el inmueble marcado con el número 205 de la calle 6 entre 11 y Línea, en el Vedado, está a punto de ocurrir una catástrofe. Por puro milagro, ayudado con vigas de madera a manera de muletas, el edificio se mantiene en pie aunque ya haya perdido una buena parte de la azotea.
Los vecinos que aún viven en él a riesgo de sus propias vidas, se niegan a ser trasladados a albergues que nunca podrían sustituir lo que ha sido su hogar durante decenas de años. Ancianos, niños, jubilados, trabajadores,  estudiantes y amas de casa son víctimas de la indolencia gubernamental.
El pueblo sufre callado mientras el Consejo de Estado, el Ministerio de las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior, el Poder Popular y otros organismos pertenecientes a la Administración Central del Estado, mantienen desocupados miles de inmuebles que se deterioran en el abandono y el desuso.
Capricho, egoísmo, o maldad monda y lironda, es lo que mueve a los dirigentes cubanos a no hacer nada, a esperar que por falta de mantenimiento los edificios se les derrumben encima a las personas, mientras ellos viven plácidamente en las mejores casas de los mejores barrios de La Habana, heredadas de la burguesía que abandonó el país en los primeros años después del triunfo de la revolución.

Se entiende que cuando los dirigentes hablan de defender las conquistas se refieren a sus mansiones, palacetes, fincas y cotos de caza, nunca a las cuarterías de La Habana, o a los edificios en ruinas como el de la calle 6 número 205. De qué valen las reuniones del Poder Popular cuando el país sigue gobernado por sordos a conveniencia y oportunistas insensibles.
hchaviano5@gmail.com

martes, 11 de junio de 2013

Carta Histórica



A propósito de la carta de Fidel Castro a Celia Sánchez en ocasión del bombardeo por la Fuerza Aérea Cubana contra la casa de un campesino. Dicha carta merece ser transcrita, para que los inocentes no sigan con la idea de que los americanos empujaron a Fidel Castro en los brazos de la Unión Soviética, y que de no ser por el embargo esto habría sido una democracia en un país desarrollado.
“Sierra Maestra
Junio 5-58
Celia:
Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande; la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que esto va a ser mi destino verdadero.”
Qué dirían los angolanos de los soviéticos y sus bombas y cohetes, lanzadas por pilotos cubanos contra las chozas de los campesinos de aquel país, o los guajiros del Escambray cubano, cuyos bohíos también fueron destruidos bajo el fuego de ametralladoras, lanzacohetes y granadas de origen belga, checoeslovaco, y soviético. ¿Estaría justificado el odio de los campesinos angolanos o de las montañas del Escambray contra belgas, checos, eslovacos y rusos?
La irracionalidad del pensamiento del máximo líder de la revolución cubana raya en la paranoia. Con el triunfo de la revolución no se empezaba a cumplir el Programa del Moncada, se iniciaba la guerra personal de Fidel Castro contra los americanos; el odio y la egolatría  como política de gobierno.  En un párrafo de apenas cuatro líneas, utiliza tres veces la palabra guerra y en cinco ocasiones se refiere a sí mismo –guerra, guerra, guerra, yo, yo, yo, yo, yo-. La paz y la felicidad del pueblo no estaban en los planes.
La restitución de la Constitución del 40, el problema de la tierra, el problema del desempleo, el problema de la vivienda, los derechos civiles y políticos; todo quedó subordinado al ansia de venganza no contra un gobierno, sino contra un país entero y sus habitantes, los americanos. En esta guerra personal, el gobernante involucró a todo el país, sus gentes, sus recursos; el destino de Cuba y de los cubanos siempre le importó bien poco, él y sólo él derrocaría Norteamérica, humillaría al Tío Sam y le haría pagar bien caro el bombardeo al bohío de un campesino.
Bohíos como aquel, caen por centenares cada vez que pasa un huracán por la isla. De acuerdo con la línea de pensamiento del comandante, en lugar de construir casas con materiales más resistentes, se le debe declarar la guerra a los ciclones. El bombardeo a la casa del campesino es bien pobre como justificación para desatender sus obligaciones al frente del gobierno, y dedicar toda su inútil vida a una guerra inútil,  igual le hubiera servido la predilección de Eisenhower por el golf, o que los Yanquis de Nueva York ganaran la Serie Mundial.
José Martí dijo que los hombres se dividen en dos bandos: “los que aman y fundan y los que odian y destruyen”. Al analizar la obra de Castro I de Birán durante medio siglo, el saldo hacia afuera es de muchas guerras con su secuela de muerte y destrucción en África y América Latina, en lo interno, es el desmoronamiento de la economía y la sociedad cubanas.
El actual desmontaje del sistema llevado a cabo por el heredero del trono, obedece más que nada a la necesidad de que las atrocidades cometidas por el hermano mayor, queden, cuanto antes mejor, como un recuerdo borroso de lo que nunca debió ser. Para eso cuenta con la mala memoria de los cubanos.
Quizás cuando le llegue el retiro, lo haga como el reformador de no se sabe qué, y el hermano se mencione en los libros de historia como el dictador que en cincuenta años de gestión solo se apuntó como éxito una campaña de alfabetización.



Como el Rabo de la Vaca.



Según el Panorama Económico Social Cuba 2012, la economía cubana creció un 3,0% lo cual, de ser cierto, no tendría nada de despreciable, pero casi nunca los números fríos nos dicen toda la verdad. No es cuestión de ponerse a sumar por cientos, que cuando la matemática es seria no son sumables.
Por muchas instalaciones hoteleras que se construyan y por más tiendas recaudadoras de divisas que se abran, los cubanos siguen sin tener acceso a dichas instalaciones ni pueden comprar más allá de un litro de aceite al mes, esto si la remesa enviada desde el exterior alcanza. El incremento en la actividad de los sectores de comercio y construcción, no impidió que la agricultura, a pesar de todas las medidas de emergencia tomadas, decreciera en 1,2 %, el resto de los sectores alcanzó si acaso, un poco más de la mitad de lo previsto.
Según el informe oficial, la construcción incrementó su nivel de actividad; pero en pleno barrio habanero del Vedado, hay decenas de inmuebles que se caen a pedazos sin posibilidad de ser reparados, el hotel Capri y el edificio Someillán están en reparaciones desde hace tanto tiempo, que parecen olvidados, el edificio del Retiro Médico se resquebraja por dentro y por fuera a la vista de todos, y los pinareños que vivían en facilidades temporales después de perder sus viviendas en el último ciclón, ahora con las recientes inundaciones,  también han perdido los locales que les servían de albergue.
Para los sin casa la economía no creció, como tampoco creció para los niños que siguen sin tomar leche después de cumplir siete años, ni para los ancianos que ganan 200 pesos de pensión y ni la cucarachita Martina les gana a la hora de decidir qué se compraran con tan magra jubilación. Lo mismo piensan las jóvenes que se niegan a parir con un futuro tan incierto y prefieren abandonar su país y probar suerte hasta en África, continente no apto para vivir según las noticias que  llegan.
 El problema de la economía cubana, está dado por un factor que los dirigentes se empeñan en no aceptar. La falta de libertad es el lastre que afecta la agricultura,  la construcción y cualquier otro sector de la producción o los servicios. Ni leyes, ni controles, ni exigencia, ni disciplina, mientras los cubanos no sean libres de hecho y de derecho, el gobierno tendrá que depender de la exportación de médicos y de las remesas familiares como fuentes de ingresos más sólidas.
Los médicos, aunque saben que son explotados miserablemente, aceptan cualquier misión en el extranjero con tal de mejorar en algo sus necesidades materiales y con suerte y mucho sacrificio, hasta podrían comprarse un carrito. Los familiares en el exterior  por su parte, con generosidad ayudan a los que se quedaron, aunque en su momento los hayan calificado como gusanos de mierda, apátridas y traidores.

Viva La Conchita


Anunciar  como un logro que después de 15 años, la fábrica de conservas La Conchita vuelve a producir con productos cosechados en Cuba, encierra una desvergüenza. Tomate de China, mango y guayaba de Brasil y coco de Sri Lanka, sirvieron de materia prima  a dicha industria. Desde 1937 dicha fábrica se abastecía con lo producido en las tierras pinareñas, hasta que la larga y torpe mano del mandatario cubano arrasó con lo poco que quedaba, a la vez que hacía responsables del desastre a los rusos por sacudirse el comunismo de encima y negarse a mantener esta colonia improductiva, y a los americanos por el embargo.
Durante todos estos años de período especial, el líder histérico cubano, arremetió contra el Presidente brasileño Luis Inacio da Silva (Lula), por dedicar el uno por ciento de sus tierras cultivables a la producción de etanol, aconsejó a amigos, fustigó enemigos, quemó espías, derribó avionetas, fusiló jóvenes y oficiales de las Fuerzas Armadas, corrompió democracias, encarceló lo mismo a opositores pacíficos que a militares inquietos, y permitió, con toda la indolencia de que es capaz, que los campos cubanos se llenaran de marabú y la corrupción se enseñoreara de la sociedad cubana.
El caso de “La Conchita”, sirve de ejemplo de lo que ha significado para Cuba la dirección unipersonal del máximo líder, el que nunca se equivoca, el que no pierde ni a las “escupías”, el mejor, lo mismo en una pesquería con el “Gabo”, que en un juego de pelota de manigua con un grupo de “guatacas”.
En la dura realidad, este personaje no se ha anotado un solo éxito en el trabajo por el que cobra; desbarató la agricultura, acabó con la principal industria del país, convirtió en chatarra la flota cubana, exterminó la masa ganadera, convirtió a miles de cubanos en  simuladores que ven más provecho en  robar que  en trabajar, y el país envejece porque los jóvenes se van y las mujeres se niegan a parir.
De todos modos, felicidades para los trabajadores de “La Conchita” y para los agricultores pinareños, que a pesar de tener todo un sistema parásito en contra, logran sobreponerse y sacar la cara por los trabajadores cubanos.


¿Me Comunico o No me Comunico?



Hay un viejo proverbio de corte racista que dice, “La necesidad hace parir mulatos”. El gobierno cubano al fin se ha decidido a parir Internet para los cubanos. Ha sido un proceso doloroso, a regañadientes, ahí se pueden leer en el Granma las quejas y lamentos al darse  cuenta que este muchacho WWW se les va a ir de control por mucho que pretendan aplicarle la Ley Mordaza.
Obligados por el atraso tecnológico e ideológico  que hace a Cuba retroceder en medio del veloz desarrollo del mundo circundante, los gobernantes (¿son dos?), después de deshojar tantas margaritas, tomaron una decisión en el dilema Internet o no Internet, van a correr los riesgos que corre cualquier dictadura cuando decide abrirse, y es lógico que teman al desmadre.
De nada valdrán las tarifas prohibitivas, ni las advertencias al estilo de: “No usar el servicio para realizar acciones que puedan considerarse por ETECSA o por las autoridades administrativas y judiciales competentes, como dañinas o perjudiciales para la seguridad pública, la integridad, la economía, la independencia y la soberanía nacional. Actuar con total respeto a la legislación vigente.” O aquella otra de que ETECSA  denegará al usuario el uso del servicio de forma inmediata”cuando se detecte que durante el transcurso de la sesión, ha incurrido en alguna violación de las normas de comportamiento ético que promueve el Estado cubano”.
Si las antes mencionadas advertencias se refieren al uso de la red de redes en actividades relacionadas con el terrorismo o la pornografía infantil, está bien que sobre el comisor caiga todo el peso de la ley. Pero en el caso cubano, la coletilla sirve para advertir a los disidentes políticos que si bien Internet no es solo para los revolucionarios, la intolerancia ideológica se mantiene incólume y no van a dudar en teñir de negro cualquier estación del año.
El acceso a blogs y periódicos opositores no será fácil para los ciudadanos que quieran conocer cómo piensan otros dentro y fuera de Cuba, o lo que ocurre en el mundo que la prensa oficial oculta, dice a medias o tergiversa.
Ahora de golpe cambian algunas cosas; el norteamericano Alan Gross debería ser puesto en libertad, al considerarse oficialmente que las conexiones inalámbricas no son ilegales, sino provechosas y deseables, aunque económicamente inaccesibles por el momento. Queda demostrado así, que el proceso judicial y posterior encarcelamiento de Gross es un hecho más en la tradicional política  de meter miedo, crear enemigos y hacerlos padecer lo más posible; desviar la atención de los problemas que enfrenta el país, y de paso extorsionar al gobierno norteamericano.
Que no teman los gobernantes a Internet, Wi Fi, o la digitalización de la televisión, a lo que deben temer es a sus  burradas y a la corrupción  que ellos mismos han generado y permitido por más de medio siglo. Los enemigos de lo que pudo ser un proceso político basado en la democracia y el desarrollo económico, los verdaderos enemigos de Cuba y de los cubanos, todavía ocupan los primeros puestos en la dirección del Estado.